“Educar
con amor” es la misión de los padres, pues ellos son los primeros educadores de
sus hijos, sin embargo, en la actualidad se suele delegar por “completo” esta
responsabilidad a los docentes, ya que debido a la carga laboral, los padres
aducen “no tener tiempo” para contribuir en la formación de sus hijos. Y cuando
en la escuela nos enfrentamos a la problemática del bulliying (acoso escolar),
surge la pregunta: ¿Por qué actúan así? Y con frecuencia escuchamos responder a
los estudiantes: “Todo lo que sé y soy lo aprendí de ti”.
Por ello,
el rol de los padres como preparador emocional debe ser asumido en su totalidad.
Actualmente, podemos observar que hay dos tipos de padres, los que explican a
sus hijos en qué consiste el mundo de las emociones y los que prefieren
ignorarlo. En este grupo están los padres que no tienen tiempo y se cubren las
espaldas atiborrando a los niños de regalos. Y también los que imponen su
autoridad con el no por delante, convencidos de que conviene enderezarles. Como
dice Daniel Goleman, “los padres hablan cada vez menos con sus hijos, no se
interesan por su mundo interior; las familias están rotas y los niños viven
terribles situaciones de incomunicación y aislamiento”.
Por ello,
la escuela debe ser más innovadora y considerar la enseñanza de la Inteligencia
Emocional con el respaldo y apoyo de los padres, pues sus resultados en los
niños saltarán por lo general a la vista: menos agresividad, menos propensión a
las drogas, autocontrol, sociabilidad, disposición para el trabajo en grupo. Aunque
la responsabilidad sigue recayendo sobre los padres.
Gottman
rechaza la distinción entre padres autoritarios o muy permisivos y aboga por lo
que él considera el preparador emocional:”Amar a los niños no es suficiente
sostiene hace falta enseñarles habilidades para las que muchas veces no estamos
preparados; y es que nadie nos ha enseñado nunca a ser padres”.
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