
La práctica de la lectura requiere de un ambiente agradable y de
la participación activa y entusiasta de quien enseña y de quien aprende. Lo
importante es que los estudiantes disfruten con la lectura, y que no vean en
ella una carga pesada. No hay estrategias válidas para todos los casos ni
algoritmos que deban cumplirse al pie de la letra. Cada persona tiene sus
propios mecanismos de aprendizaje; sin embargo, el docente puede proporcionar
diversas rutas para que los estudiantes elijan las que consideren más
convenientes y desarrollen progresivamente su autonomía. En ese sentido, se
podrá combinar o intercalar estrategias de lectura dirigida (el docente
“conduce” las actividades y señala la ruta que seguirán los estudiantes) y
lectura compartida (los estudiantes proponen actividades y estrategias, asumen
roles en la conducción de las actividades).
Existen diversas estrategias y modelos de comprensión lectora.
Sin embargo, lo importante es saber cuándo emplear el procedimiento más
adecuado, considerando, entre otros, los siguientes aspectos:
• El propósito del lector.
• El tipo de texto.
• La complejidad del texto.
• Los conocimientos previos del lector.
• El lenguaje empleado.
Por otra parte, debe quedar claro que la lectura comprende actividades antes, durante y después de la misma, y que en función de ellas debemos emplear una u otra estrategia sin descuidar los avances tecnológicos.
Por otra parte, debe quedar claro que la lectura comprende actividades antes, durante y después de la misma, y que en función de ellas debemos emplear una u otra estrategia sin descuidar los avances tecnológicos.

